Nuria Armengol Los personajes, las estancias y los lugares que Nuria Armengol (Tánger, 1959) pinta recrean un universo sereno, reflexivo, paciente. Las líneas y el orden conviven inevitablemente y tal conjunción deviene en una paz anhelada, en un sentimiento indómito y sincero. Son cuadros cargados de indudable valor narrativo: los personajes, situados en lugares extensos y amplios, adoptan actitudes cotidianas, pero con cierto aire enigmático a la vez. Los protagonistas de las obras suelen ser figuras infantiles, que otorgan una temática muy concreta a muchos de sus cuadros: el universo ingenuo y onírico del niño, tan hábilmente captado por la pintora. Colores y formas que alientan hacia caminos y sueños ya recreados. Síntesis y esencias en las que el individuo se apresta a continuar la rutina, o a dar el paso hacia lo desconocido, y siempre rodeado de muy pocos objetos y enseres, o incluso liberado de la compañía de éstos, para descubrir con mayor frenesí los momentos atemporales que estos cuadros nos describen.